Opinion
Beneficios del acuerdo con la firma Odebrecht
Los frutos del acuerdo de colaboración suscrito entre la Procuraduría General de la República y Odebrecht en marzo de 2017, quedan evidenciados en el expediente acusatorio contra los imputados en la red de corrupción que ha sido llevado ante la Justicia dominicana.
En total, el Ministerio Público está aportando más de 800 páginas de evidencias, debidamente traducidas, entregadas exclusivamente por Odebrecht en virtud del acuerdo de colaboración, que ha sido clave en el proceso y que ha servido de punto de partida para muchas otras de las investigaciones realizadas aquí por los fiscales encargados por la Procuraduría General de estructurar el expediente.
Revisando el voluminoso y sustancioso expediente, se establecen una serie de puntos trascendentes: que además de las pruebas documentales, el Ministerio Público tiene previsto presentar como testigos a varios ejecutivos de la constructora brasileña, a fin de acreditar en audiencia las informaciones entregadas por la empresa en cumplimiento del acuerdo de colaboración, con cuyos testimonios se pretende demostrar las ‘circunstancias y hechos sobre esta acusación que sean de conocimiento’ de dichos ejecutivos.
Por ello, revisando la sección sobre ‘descripción y ofrecimiento de los elementos de pruebas’ que fundamentan la acusación contra los imputados, es fácil establecer que los documentos aportados por Odebrecht jugarán un papel protagónico durante la audiencia preliminar y el juicio de fondo, como lo hicieron a lo largo del proceso de investigación del escándalo, debido a la coherencia de las denominadas ‘delaciones premiadas’ y un volumen importante de documentos y comunicaciones que datan desde principios del 2017, poco después de que estallara el escándalo.
Es trascendente, según se desprende de la lectura del expediente, el relato de Marco Vasconcelos Cruz –el delator principal de los hechos ocurridos en República Dominicanaó ya que en sus ‘delaciones premiadas’ se nombraran políticos, empresarios, abogados y funcionarios públicos vinculados a la constructora durante su período de actuación en el país, como también la relación de transferencias, contratos ficticios, presentados en las acusaciones, principalmente contra Angel Rondón y el abogado Conrado Pittaluga, considerados entre los principales imputados del escándalo.
Y sale a relucir un documento de cuatro dossiers de informaciones, común a todos los imputados, con lo que tratarán de demostrar las ‘transferencias de dinero provenientes de sociedades ‘offshore’ relacionadas a Odebrecth, a través de cuentas de bancos nacionales e internacionales a beneficio de las empresas que conformaron su entramado societario a favor de los imputados, empresas vinculadas y allegados’, citándose el Meinl Bank, de Antigua, así como otras empresas ‘offshores’ vinculadas a la red de sobornos: Constructora Internacional del Sur, Innovation Research Engineering and Development Ltd, Kleinfeld Services Ltd, Trident Inter Trading Ltd. y Fasttracker Global Trading Ltd, nombres que han resonado en las investigaciones por corrupción que países como Panamá llevan sobre el caso Odebrecht. . La aparición de los nombres de Rondón y Pittaluga en esos documentos lo ‘tipifica’ como una de las ‘piezas clave’ del expediente.
La empresa constructora entregó, asimismo, informaciones contundentes que explican el esquema de corrupción utilizado para realizar pagos indebidos. Incluye una certificación que revela la identidad de los usuarios del sistema de comunicación Drousys, utilizado por la ‘División de Operaciones Estructuradas’, que operó en el país y que servía para coordinar las transferencias de los sobornos. Y aportó también a los fiscales certificaciones adicionales de las transacciones y operaciones realizadas por la constructora a favor de diversas compañías, tales como Arma y Roymar.
Mucha gente quiere más imputados. Otros consideran que el trabajo realizado por la Procuraduría es satisfactorio. No faltan los que consideran que el tema es más político que jurídico y hay quienes se quejan de los vínculos de los siete que, finalmente, resultaron encartados en el voluminoso expediente presentado la semana pasada ante la Suprema Corte de Justicia.
La generalidad de la sociedad pensante y no tan contaminada con el torrente de información –oficiales, interesadas, distorsionadas, sensacionalistas– que han girado en torno a este episodio sin precedentes, dan un voto de confianza al Ministerio Público, encarnado por la Procuraduría General de la República, y a la Justicia ante al gran reto que tienen en la lucha contra la corrupción.
Y revela el volumen del expediente que, definitivamente, el acuerdo de cooperación logrado por las autoridades judiciales con Odebrecht en marzo del 2017 fue una acción acertada que, por demás, cobró los 92 millones de dólares que admitió la constructora haber invertido en pagos de sobornos y, adicionalmente, se logró que pagara el duplo, o sea otros 92 millones de dólares de multa por el delito cometido y aceptado.
Ha quedado claramente demostrado, entiendo, que en la conformación de este delicado y ruidoso expediente primó el interés de hacer justicia, por lo que quien no está no está y quien debe estar, está, según las pruebas, la documentación recopilada por los fiscales de la Procuraduría. No hay signos de vendettas ni de aceptación, por temor, de llenar páginas con nombres sonoros, contra quienes no se puede probar participación delictiva, aunque la calle, la bullanguería los señale, muchas veces más por un dejo de hacer maldad que por el interés de hacer justicia.
Concluyo en el entendido de que, muy contrario a lo que cacarean y pretenden hacer creer políticos y vocingleros, se ha dado un paso importante, sin precedentes, trascendente en la demandada persecución y sanción de la corrupción, una de las obligaciones puestas sobre los hombros de las autoridades judiciales de la nación.
RUDDY L. GONZÁLEZ/LISTÍN DIARIO
Opinion
Jornada de oración: Luis Abinader en busca de sabiduría
Cuán grato fue escuchar el anuncio que hizo el Gobierno dominicano de convocar una jornada de oración y acción de gracias a Dios, como ocurrió el pasado lunes 07 de septiembre, encabezada por el presidente Luis Abinader, con la participación de representantes tanto de las iglesias católica como protestantes en el Palacio Nacional.
Me gustó mucho que se le dio rigor haciéndola extensiva para todas las instituciones del Estado, encabezada por sus respectivos titulares.
Ello hace ver que Luis Abinader entiende la importancia de buscar sabiduría en la fuente por excelencia de esta virtud, sobre todo porque la misma palabra dice que el principio de la sabiduría es el temor a Dios.
Pero cuando se habla de temor a Dios en este contexto, en modo alguno se trata de miedo, sino más bien de respeto y reconocimiento a la supremacía sobre el pueblo que se postra a los pies de su creador.
Veo con agrado que, por medio de la oración, la reflexión y el agradecimiento, se busque fomentar la unidad nacional, esperanza y confianza en el futuro, lo cual es un camino expedito para poner en manos del Altísimo las decisiones y acciones futuras del Gobierno.
Creo firmemente que esta es la principal decisión que ha tomado el Gobierno en sus seis años de ejercicio, y debe ser una iniciativa permanente, pues se alinea con los principios de nuestros fundadores que sin titubeos pusieron a Dios en primer lugar a la hora de crear la indivisible e independiente República Dominicana.
Es más, voy más lejos al afirmar que así debió comenzar el Gobierno. Iniciar con jornadas de oración nacional permanentes como acción de gracias por el bendecido país que nos ha tocado y para clamar por protección divina ante los retos y desafíos que se avizoran.
El llamado a la jornada de oración es un acto de discernimiento y sabiduría que nos encamina como nación a permanecer unidos en todo tiempo, sobre todo porque es un ejercicio que hace falta como una convocatoria frecuente a la unidad nacional.
Pero además de la unidad, también con estas jornadas invocamos esas fuerzas en las que como nación creemos para que tengan una participación central en espacios donde se toman decisiones, al tiempo que pedimos la revelación de caminos que de otra manera no se pudieran ver.
Ello por ejemplo se evidencia en Jeremías 33:3 cuando dice “Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces.”
De manera que la jornada de oración es una brújula que ayuda a la orientación del Estado, como cuando un líder, en este caso el presidente, pide la consejería de Dios en procura de sabiduría ante las incertidumbres venideras, así como lo hicieron reyes bíblicos como David, Salomón o Josafat, y cuyos resultados fueron garantizados.
De manera que felicito dicha iniciativa al tiempo que hago un llamado para que desde el Palacio Nacional se instituya la jornada de oración como una convocatoria nacional permanente, en procura de mayor sabiduría para quienes deben dirigir y fortalezca la unidad del pueblo que vive tiempos en los que las divisiones, conflictos y contiendas se han propagado como nunca.
Opinion
Un minuto de silencio por la comunicación dominicana
Hay una peligrosa tendencia que cada vez se hace más evidente en algunos programas de radio, televisión y plataformas digitales: sus anfitriones han dejado de conformarse con comunicar las noticias y ahora quieren convertirse en la noticia.
El foco ya no está en los hechos, en las investigaciones o en los problemas que afectan a la gente.
El protagonismo lo ocupa el propio comunicador.
Se habla más de quién respondió a quién, de la pelea entre panelistas, de la indirecta lanzada a otro programa o de la polémica fabricada para alimentar el siguiente contenido.
Muchos espacios parecen haber cambiado su razón de ser.
En lugar de informar, explicar o generar un debate útil para la audiencia, se han convertido en escenarios donde los egos compiten por atención.
Cada emisión parece una extensión de la anterior, marcada por ataques, respuestas y nuevos enfrentamientos entre quienes deberían estar concentrados en ejercer su labor periodística o comunicacional.
No se trata de cuestionar el debate ni la diferencia de opiniones. El contraste de ideas es indispensable en una sociedad democrática.
El problema surge cuando el conflicto deja de ser una consecuencia natural del análisis y se convierte en el producto principal del programa.
Cuando la confrontación se planifica porque genera reproducciones, comentarios y tendencias, la comunicación pierde profundidad y se convierte en un simple espectáculo.
Mientras los comunicadores se empeñan en ser el centro de la conversación, muchos temas de interés público quedan relegados.
Problemas que merecen investigación, denuncias que necesitan seguimiento y asuntos que impactan la vida de miles de personas terminan desplazados por discusiones estériles que solo alimentan el ciclo de las redes sociales.
La audiencia no necesita más protagonistas. Necesita periodistas y comunicadores que investiguen, cuestionen, expliquen y aporten contexto.
Necesita profesionales que entiendan que el micrófono no es un escenario para satisfacer el ego, sino una herramienta para servir a la sociedad.
La credibilidad no se construye siendo tendencia por una pelea ni acumulando reproducciones a base de controversias personales.
Se construye con rigor, responsabilidad y respeto por la inteligencia del público.
Quizás ha llegado el momento de recordar una verdad que nunca debería olvidarse: el comunicador no está llamado a ser la noticia. Su misión es contarla.
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