Opinion
Turismo dominicano, motor de desarrollo y causa-país que nos inspira
Acabamos de cerrar una exitosa semana de negocios en FITUR 2026. Cada vez que participo en esta feria turística internacional, la primera de cada año y la más importante en Europa, confirmo que el turismo no está compuesto solo por cifras: está tejido de historias, sueños y oportunidades para nuestra gente.
Recién concluida esta edición de FITUR 2026, vuelvo a quedar impresionado por la evolución y el potencial que ha alcanzado la República Dominicana como destino líder en la región.
El grado de madurez del sector y la diversificación geográfica y temática que hemos presentado en estos días son fortalezas claras que continúan atrayendo nuevos capitales.
He podido comprobar de primera mano que las reuniones sostenidas y el entusiasmo de los inversionistas confirman que nuestro país no solo es atractivo por sus playas y su hospitalidad, sino también por su estabilidad económica, su visión de sostenibilidad y las oportunidades de crecimiento que ofrece.
Este interés renovado es una señal clara de que el turismo seguirá siendo uno de los principales motores del desarrollo nacional.
En el Banco Popular Dominicano asumimos la responsabilidad de acompañar este impulso con soluciones financieras robustas e innovadoras, conscientes de nuestro rol como aliados del crecimiento turístico.
Turismo: sector clave del desarrollo nacional
Les pido que, cuando piensen en el turismo, vean comunidades que prosperan, jóvenes que encuentran empleo y familias que mejoran su calidad de vida.
Porque en República Dominicana esta actividad económica es mucho más que una industria: es un impulsor fundamental del crecimiento económico.
Para que se hagan una idea: representa más del 9% del Producto Interno Bruto de manera directa y genera más de 470,000 empleos, cifras que aumentan a cerca de 17% del PIB y 890,000 empleos al incluir su aporte indirecto, además de la generación de divisas que sostienen la estabilidad macroeconómica del país.
En 2025, la República Dominicana recibió más de 11.6 millones de visitantes, rompiendo récords históricos y consolidándose como el segundo destino más visitado de América Latina.
Y cuando hablo de semana exitosa en FITUR 2026, lo hago con convicción. En estos pocos días transcurridos en Madrid:
· Tuvimos una agenda de 54 reuniones.
· Acompañamos negociaciones que representan una inversión total estimada de US$6,200 millones para 36 proyectos turísticos, con un potencial financiamiento de US$3,100 millones.
· Esto equivaldría a 14,000 nuevas habitaciones hoteleras
· Y lo más importante: generaría 13,000 empleos directos y 39,000 indirectos
Apoyo a la diversificación del turismo
Los logros de la industria turística nacional no son una casualidad.
Son el resultado de décadas de trabajo y de la visión de múltiples actores que apostaron por desarrollar distintos polos turísticos y extender el bienestar que genera esta actividad, la cual encadena una amplia diversidad de sectores productivos.
Por esa razón, en nuestra organización financiera respaldamos la diversificación de la oferta turística para que nuevas zonas y segmentos contribuyan al crecimiento sostenible del sector en los próximos años.
Creemos en un turismo que lleve sus beneficios a cada rincón del país, y que transforme la esperanza en progreso real para las comunidades.
El comienzo de esta revolución se remota a la década del setenta, cuando comenzaron a desarrollarse los principales núcleos turísticos del país.
Entre ellos se destacan Punta Cana – Bávaro, Puerto Plata y la costa norte, y La Romana – Bayahibe.
A estos se suman destinos más recientes y con gran proyección como Miches, Punta Bergantín o Pedernales-Cabo Rojo.
Nuestra organización financiera ha estado y está presente en el desarrollo hotelero de todos estos destinos, apoyando su crecimiento desde su inicio.
Ese respaldo del Popular también alcanza la infraestructura turística, mediante el financiamiento de los principales aeropuertos y puertos del país, así como el fortalecimiento de las conexiones viales entre destinos.
Infraestructura y turismo de cruceros
La modernización de nuestros puertos es especialmente estratégica, ya que constituyen la puerta de entrada de uno de los segmentos de mayor crecimiento: el turismo de cruceros.
Su dinamismo evidencia cómo estas terminales se han convertido en nodos clave para ampliar la experiencia turística del país.
Invertir en estas terminales significa asegurar que cada visitante tenga una experiencia ágil, segura y memorable desde su llegada, fortaleciendo la competitividad de nuestros destinos y contribuyendo al desarrollo de las comunidades que dependen de esta actividad.
En definitiva, el turismo de cruceros forma parte natural de la ampliación de nuestra oferta.
Y cuando hablamos de diversificación, no nos referimos únicamente a lo geográfico, sino también a lo temático, un aspecto esencial para seguir atrayendo nuevos segmentos de turistas y fomentar la repetición de su visita.
Diversificación temática y turismo de salud
El turismo dominicano ha evolucionado de un modelo centrado en sol y playa, hacia una oferta cada día más diversa, que hoy incluye turismo cultural, gastronómico, deportivo, de aventuras y de negocios, entre otros.
En FITUR, hemos conocido propuestas sumamente interesantes que confirman que este proceso avanza en la dirección correcta.
Un capítulo especial merece el turismo de salud, uno de los segmentos con mayor potencial de crecimiento.
Apoyamos el desarrollo de clínicas, hospitales especializados y hoteles orientados al bienestar, fortaleciendo un ecosistema que atrae divisas, genera empleos calificados y promueve encadenamientos productivos de alto valor.
El éxito del turismo dominicano hasta el momento es, ante todo, el resultado de una alianza ejemplar entre el sector público y el sector privado.
La visión estratégica del Estado, la estabilidad macroeconómica y el compromiso del empresariado nacional e internacional han sido pilares fundamentales para proyectar al país como un destino resiliente, sostenible y competitivo.
El autor, Christopher Paniagua, es el presidente ejecutivo del Banco Popular Dominicano
Opinion
Un minuto de silencio por la comunicación dominicana
Hay una peligrosa tendencia que cada vez se hace más evidente en algunos programas de radio, televisión y plataformas digitales: sus anfitriones han dejado de conformarse con comunicar las noticias y ahora quieren convertirse en la noticia.
El foco ya no está en los hechos, en las investigaciones o en los problemas que afectan a la gente.
El protagonismo lo ocupa el propio comunicador.
Se habla más de quién respondió a quién, de la pelea entre panelistas, de la indirecta lanzada a otro programa o de la polémica fabricada para alimentar el siguiente contenido.
Muchos espacios parecen haber cambiado su razón de ser.
En lugar de informar, explicar o generar un debate útil para la audiencia, se han convertido en escenarios donde los egos compiten por atención.
Cada emisión parece una extensión de la anterior, marcada por ataques, respuestas y nuevos enfrentamientos entre quienes deberían estar concentrados en ejercer su labor periodística o comunicacional.
No se trata de cuestionar el debate ni la diferencia de opiniones. El contraste de ideas es indispensable en una sociedad democrática.
El problema surge cuando el conflicto deja de ser una consecuencia natural del análisis y se convierte en el producto principal del programa.
Cuando la confrontación se planifica porque genera reproducciones, comentarios y tendencias, la comunicación pierde profundidad y se convierte en un simple espectáculo.
Mientras los comunicadores se empeñan en ser el centro de la conversación, muchos temas de interés público quedan relegados.
Problemas que merecen investigación, denuncias que necesitan seguimiento y asuntos que impactan la vida de miles de personas terminan desplazados por discusiones estériles que solo alimentan el ciclo de las redes sociales.
La audiencia no necesita más protagonistas. Necesita periodistas y comunicadores que investiguen, cuestionen, expliquen y aporten contexto.
Necesita profesionales que entiendan que el micrófono no es un escenario para satisfacer el ego, sino una herramienta para servir a la sociedad.
La credibilidad no se construye siendo tendencia por una pelea ni acumulando reproducciones a base de controversias personales.
Se construye con rigor, responsabilidad y respeto por la inteligencia del público.
Quizás ha llegado el momento de recordar una verdad que nunca debería olvidarse: el comunicador no está llamado a ser la noticia. Su misión es contarla.
Opinion
No a la ‘Ley Mordaza’
La libertad de expresión no es un privilegio concedido por el poder; es un derecho que protege a la ciudadanía frente al poder.
Cuando una sociedad comienza a castigar la crítica, a intimidar la denuncia o a sembrar el miedo entre periodistas, comunicadores y ciudadanos por expresar opiniones o revelar hechos de interés público, no solo se silencia una voz: se debilita la democracia.
El nuevo Código Penal dominicano, cuya entrada en vigencia está prevista para agosto, ha generado una profunda preocupación por disposiciones que muchos consideran una amenaza a ese derecho fundamental.
Defender la libertad de expresión no significa respaldar la difamación ni los abusos; significa garantizar que ninguna ley se convierta en un instrumento para callar preguntas incómodas, investigaciones periodísticas o el legítimo disenso.
Por eso, cualquier norma que pueda generar miedo a opinar, investigar, denunciar o cuestionar a quienes ejercen funciones públicas debe ser motivo de reflexión y debate.
Reitero, no se trata de defender la difamación ni la injuria.
Quien cause un daño a la reputación de otra persona debe responder ante la ley.
La pregunta es otra: ¿por qué sancionar con cárcel expresiones que pueden resolverse mediante mecanismos civiles y proporcionales?
Cuando la amenaza es la prisión, el efecto puede ser el silencio por temor.
Muchos ven en estas disposiciones una verdadera «ley mordaza», un traje a la medida para blindar a los funcionarios públicos frente al escrutinio ciudadano.
Porque si criticar, denunciar o señalar posibles irregularidades puede convertirse en un riesgo penal, el mensaje que se envía es claro: mejor no decir ni pío.
Y una democracia donde los ciudadanos, periodistas y comunicadores temen hablar, preguntar o investigar, deja de respirar con libertad.
El poder debe estar sometido al escrutinio público, no protegido del debate.
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