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Opinion

Turismo dominicano, motor de desarrollo y causa-país que nos inspira

Christopher Paniagua

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Acabamos de cerrar una exitosa semana de negocios en FITUR 2026. Cada vez que participo en esta feria turística internacional, la primera de cada año y la más importante en Europa, confirmo que el turismo no está compuesto solo por cifras: está tejido de historias, sueños y oportunidades para nuestra gente.

Recién concluida esta edición de FITUR 2026, vuelvo a quedar impresionado por la evolución y el potencial que ha alcanzado la República Dominicana como destino líder en la región.

El grado de madurez del sector y la diversificación geográfica y temática que hemos presentado en estos días son fortalezas claras que continúan atrayendo nuevos capitales.

He podido comprobar de primera mano que las reuniones sostenidas y el entusiasmo de los inversionistas confirman que nuestro país no solo es atractivo por sus playas y su hospitalidad, sino también por su estabilidad económica, su visión de sostenibilidad y las oportunidades de crecimiento que ofrece.

Este interés renovado es una señal clara de que el turismo seguirá siendo uno de los principales motores del desarrollo nacional.

En el Banco Popular Dominicano asumimos la responsabilidad de acompañar este impulso con soluciones financieras robustas e innovadoras, conscientes de nuestro rol como aliados del crecimiento turístico.

Turismo: sector clave del desarrollo nacional
Les pido que, cuando piensen en el turismo, vean comunidades que prosperan, jóvenes que encuentran empleo y familias que mejoran su calidad de vida.

Porque en República Dominicana esta actividad económica es mucho más que una industria: es un impulsor fundamental del crecimiento económico.

Para que se hagan una idea: representa más del 9% del Producto Interno Bruto de manera directa y genera más de 470,000 empleos, cifras que aumentan a cerca de 17% del PIB y 890,000 empleos al incluir su aporte indirecto, además de la generación de divisas que sostienen la estabilidad macroeconómica del país.

En 2025, la República Dominicana recibió más de 11.6 millones de visitantes, rompiendo récords históricos y consolidándose como el segundo destino más visitado de América Latina.

Y cuando hablo de semana exitosa en FITUR 2026, lo hago con convicción. En estos pocos días transcurridos en Madrid:

· Tuvimos una agenda de 54 reuniones.

· Acompañamos negociaciones que representan una inversión total estimada de US$6,200 millones para 36 proyectos turísticos, con un potencial financiamiento de US$3,100 millones.

· Esto equivaldría a 14,000 nuevas habitaciones hoteleras

· Y lo más importante: generaría 13,000 empleos directos y 39,000 indirectos

Apoyo a la diversificación del turismo
Los logros de la industria turística nacional no son una casualidad.

Son el resultado de décadas de trabajo y de la visión de múltiples actores que apostaron por desarrollar distintos polos turísticos y extender el bienestar que genera esta actividad, la cual encadena una amplia diversidad de sectores productivos.

Por esa razón, en nuestra organización financiera respaldamos la diversificación de la oferta turística para que nuevas zonas y segmentos contribuyan al crecimiento sostenible del sector en los próximos años.

Creemos en un turismo que lleve sus beneficios a cada rincón del país, y que transforme la esperanza en progreso real para las comunidades.

El comienzo de esta revolución se remota a la década del setenta, cuando comenzaron a desarrollarse los principales núcleos turísticos del país.

Entre ellos se destacan Punta Cana – Bávaro, Puerto Plata y la costa norte, y La Romana – Bayahibe.

A estos se suman destinos más recientes y con gran proyección como Miches, Punta Bergantín o Pedernales-Cabo Rojo.

Nuestra organización financiera ha estado y está presente en el desarrollo hotelero de todos estos destinos, apoyando su crecimiento desde su inicio.

Ese respaldo del Popular también alcanza la infraestructura turística, mediante el financiamiento de los principales aeropuertos y puertos del país, así como el fortalecimiento de las conexiones viales entre destinos.

Infraestructura y turismo de cruceros
La modernización de nuestros puertos es especialmente estratégica, ya que constituyen la puerta de entrada de uno de los segmentos de mayor crecimiento: el turismo de cruceros.

Su dinamismo evidencia cómo estas terminales se han convertido en nodos clave para ampliar la experiencia turística del país.

Invertir en estas terminales significa asegurar que cada visitante tenga una experiencia ágil, segura y memorable desde su llegada, fortaleciendo la competitividad de nuestros destinos y contribuyendo al desarrollo de las comunidades que dependen de esta actividad.

En definitiva, el turismo de cruceros forma parte natural de la ampliación de nuestra oferta.

Y cuando hablamos de diversificación, no nos referimos únicamente a lo geográfico, sino también a lo temático, un aspecto esencial para seguir atrayendo nuevos segmentos de turistas y fomentar la repetición de su visita.

Diversificación temática y turismo de salud
El turismo dominicano ha evolucionado de un modelo centrado en sol y playa, hacia una oferta cada día más diversa, que hoy incluye turismo cultural, gastronómico, deportivo, de aventuras y de negocios, entre otros.

En FITUR, hemos conocido propuestas sumamente interesantes que confirman que este proceso avanza en la dirección correcta.

Un capítulo especial merece el turismo de salud, uno de los segmentos con mayor potencial de crecimiento.

Apoyamos el desarrollo de clínicas, hospitales especializados y hoteles orientados al bienestar, fortaleciendo un ecosistema que atrae divisas, genera empleos calificados y promueve encadenamientos productivos de alto valor.

El éxito del turismo dominicano hasta el momento es, ante todo, el resultado de una alianza ejemplar entre el sector público y el sector privado.

La visión estratégica del Estado, la estabilidad macroeconómica y el compromiso del empresariado nacional e internacional han sido pilares fundamentales para proyectar al país como un destino resiliente, sostenible y competitivo.

El autor, Christopher Paniagua, es el presidente ejecutivo del Banco Popular Dominicano

Opinion

Jornada de oración: Luis Abinader en busca de sabiduría

Alfredo García

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Cuán grato fue escuchar el anuncio que hizo el Gobierno dominicano de convocar una jornada de oración y acción de gracias a Dios, como ocurrió el pasado lunes 07 de septiembre, encabezada por el presidente Luis Abinader, con la participación de representantes tanto de las iglesias católica como protestantes en el Palacio Nacional.

Me gustó mucho que se le dio rigor haciéndola extensiva para todas las instituciones del Estado, encabezada por sus respectivos titulares.

Ello hace ver que Luis Abinader entiende la importancia de buscar sabiduría en la fuente por excelencia de esta virtud, sobre todo porque la misma palabra dice que el principio de la sabiduría es el temor a Dios.

Pero cuando se habla de temor a Dios en este contexto, en modo alguno se trata de miedo, sino más bien de respeto y reconocimiento a la supremacía sobre el pueblo que se postra a los pies de su creador.

Veo con agrado que, por medio de la oración, la reflexión y el agradecimiento, se busque fomentar la unidad nacional, esperanza y confianza en el futuro, lo cual es un camino expedito para poner en manos del Altísimo las decisiones y acciones futuras del Gobierno.

Creo firmemente que esta es la principal decisión que ha tomado el Gobierno en sus seis años de ejercicio, y debe ser una iniciativa permanente, pues se alinea con los principios de nuestros fundadores que sin titubeos pusieron a Dios en primer lugar a la hora de crear la indivisible e independiente República Dominicana.

Es más, voy más lejos al afirmar que así debió comenzar el Gobierno. Iniciar con jornadas de oración nacional permanentes como acción de gracias por el bendecido país que nos ha tocado y para clamar por protección divina ante los retos y desafíos que se avizoran.

El llamado a la jornada de oración es un acto de discernimiento y sabiduría que nos encamina como nación a permanecer unidos en todo tiempo, sobre todo porque es un ejercicio que hace falta como una convocatoria frecuente a la unidad nacional.

Pero además de la unidad, también con estas jornadas invocamos esas fuerzas en las que como nación creemos para que tengan una participación central en espacios donde se toman decisiones, al tiempo que pedimos la revelación de caminos que de otra manera no se pudieran ver.

Ello por ejemplo se evidencia en Jeremías 33:3 cuando dice “Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces.”

De manera que la jornada de oración es una brújula que ayuda a la orientación del Estado, como cuando un líder, en este caso el presidente, pide la consejería de Dios en procura de sabiduría ante las incertidumbres venideras, así como lo hicieron reyes bíblicos como David, Salomón o Josafat, y cuyos resultados fueron garantizados.

De manera que felicito dicha iniciativa al tiempo que hago un llamado para que desde el Palacio Nacional se instituya la jornada de oración como una convocatoria nacional permanente, en procura de mayor sabiduría para quienes deben dirigir y fortalezca la unidad del pueblo que vive tiempos en los que las divisiones, conflictos y contiendas se han propagado como nunca.

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Opinion

Un minuto de silencio por la comunicación dominicana

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Hay una peligrosa tendencia que cada vez se hace más evidente en algunos programas de radio, televisión y plataformas digitales: sus anfitriones han dejado de conformarse con comunicar las noticias y ahora quieren convertirse en la noticia.

El foco ya no está en los hechos, en las investigaciones o en los problemas que afectan a la gente.

El protagonismo lo ocupa el propio comunicador.

Se habla más de quién respondió a quién, de la pelea entre panelistas, de la indirecta lanzada a otro programa o de la polémica fabricada para alimentar el siguiente contenido.

Muchos espacios parecen haber cambiado su razón de ser.

En lugar de informar, explicar o generar un debate útil para la audiencia, se han convertido en escenarios donde los egos compiten por atención.

Cada emisión parece una extensión de la anterior, marcada por ataques, respuestas y nuevos enfrentamientos entre quienes deberían estar concentrados en ejercer su labor periodística o comunicacional.

No se trata de cuestionar el debate ni la diferencia de opiniones. El contraste de ideas es indispensable en una sociedad democrática.

El problema surge cuando el conflicto deja de ser una consecuencia natural del análisis y se convierte en el producto principal del programa.

Cuando la confrontación se planifica porque genera reproducciones, comentarios y tendencias, la comunicación pierde profundidad y se convierte en un simple espectáculo.

Mientras los comunicadores se empeñan en ser el centro de la conversación, muchos temas de interés público quedan relegados.

Problemas que merecen investigación, denuncias que necesitan seguimiento y asuntos que impactan la vida de miles de personas terminan desplazados por discusiones estériles que solo alimentan el ciclo de las redes sociales.

La audiencia no necesita más protagonistas. Necesita periodistas y comunicadores que investiguen, cuestionen, expliquen y aporten contexto.

Necesita profesionales que entiendan que el micrófono no es un escenario para satisfacer el ego, sino una herramienta para servir a la sociedad.

La credibilidad no se construye siendo tendencia por una pelea ni acumulando reproducciones a base de controversias personales.

Se construye con rigor, responsabilidad y respeto por la inteligencia del público.

Quizás ha llegado el momento de recordar una verdad que nunca debería olvidarse: el comunicador no está llamado a ser la noticia. Su misión es contarla.

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