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Opinion

José Antonio Aybar: Acroarte y la prudencia

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El desafío de quienes ilegalmente “dirigen” el comité ejecutivo de Acroarte al socio y patrocinador oficial de premios Soberano, Cervecería Nacional Dominicana (CND), es un claro indicio de hasta donde ha llegado la desesperación de estos miembros que durante toda su vida gremial solo han actuado apegado a sus caprichos e intereses personales.

Quienes no conocían los comportamientos de estos miembros ahora se han dado cuenta de que son capaces de todo para continuar aferrados a la dirección de la institución, tras la ilegalidad patrocinada por Carlos Cepeda Suriel y Maura Alcántara, presidente y secretaria de la comisión el electoral que validó un voto nulo para desempatar los resultados (101-101) de la pasada contienda electoral entre las dos planchas que participaron, azul y amarilla, para beneficiar a esta última.

La mañana de este lunes lo usurpadores de la dirección de Acroarte, con Alexis Beltré a la cabeza, enviaron un “comunidado” en el que aseguraban que estaban en premios Soberano y que éste se celebraría en abril próximo.

Además de esta fake news, traían por los moños la supuestas bondades de la pasada gestión, que presidió la cronista Emelyn Baldera, tratando de enlodar la directiva que la antecedió, evidenciando que el “comunicado” (con un tufillo político partidario), fue elaborado fuera de Acroarte.

Horas después Cervecería Nacional Dominicana desmentía el tristemente recordado “comunicado” para dejar establecido que por respeto a la relación de más de 30 años con Acroarte, espera que el gremio pueda resolver las situaciones que le afectan internamente, por lo que los preparativos de premios Soberano no pudieron iniciarse en forma oportuna y seguirán retrasándose mientras no se logre la unidad interna de la institución, por lo que la fecha del evento continúa indefinida.

El periodista Fausto Polanco, candidato de la Plancha Azul, saludó la posición CND de llamar a la unidad de los miembros de la institución para iniciar el desarrollo de la edición 2020 de premios Soberano.

No ostante la aclaración de CND, los desesperados promotores de este desaguisado ahora pretenden armar una camapañita de presión al patrocinador del premio subiendo a las redes sociales la “opinión” de artistas a los cuales, a punta de carabina, pretenden involucrar en el conflico. Gente desesperada que no conoce de prudencia.

Por José Antonio Aybar/Testigo.com.do
El autor fue presidente de Acroarte

Opinion

Un minuto de silencio por la comunicación dominicana

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Hay una peligrosa tendencia que cada vez se hace más evidente en algunos programas de radio, televisión y plataformas digitales: sus anfitriones han dejado de conformarse con comunicar las noticias y ahora quieren convertirse en la noticia.

El foco ya no está en los hechos, en las investigaciones o en los problemas que afectan a la gente.

El protagonismo lo ocupa el propio comunicador.

Se habla más de quién respondió a quién, de la pelea entre panelistas, de la indirecta lanzada a otro programa o de la polémica fabricada para alimentar el siguiente contenido.

Muchos espacios parecen haber cambiado su razón de ser.

En lugar de informar, explicar o generar un debate útil para la audiencia, se han convertido en escenarios donde los egos compiten por atención.

Cada emisión parece una extensión de la anterior, marcada por ataques, respuestas y nuevos enfrentamientos entre quienes deberían estar concentrados en ejercer su labor periodística o comunicacional.

No se trata de cuestionar el debate ni la diferencia de opiniones. El contraste de ideas es indispensable en una sociedad democrática.

El problema surge cuando el conflicto deja de ser una consecuencia natural del análisis y se convierte en el producto principal del programa.

Cuando la confrontación se planifica porque genera reproducciones, comentarios y tendencias, la comunicación pierde profundidad y se convierte en un simple espectáculo.

Mientras los comunicadores se empeñan en ser el centro de la conversación, muchos temas de interés público quedan relegados.

Problemas que merecen investigación, denuncias que necesitan seguimiento y asuntos que impactan la vida de miles de personas terminan desplazados por discusiones estériles que solo alimentan el ciclo de las redes sociales.

La audiencia no necesita más protagonistas. Necesita periodistas y comunicadores que investiguen, cuestionen, expliquen y aporten contexto.

Necesita profesionales que entiendan que el micrófono no es un escenario para satisfacer el ego, sino una herramienta para servir a la sociedad.

La credibilidad no se construye siendo tendencia por una pelea ni acumulando reproducciones a base de controversias personales.

Se construye con rigor, responsabilidad y respeto por la inteligencia del público.

Quizás ha llegado el momento de recordar una verdad que nunca debería olvidarse: el comunicador no está llamado a ser la noticia. Su misión es contarla.

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Opinion

No a la ‘Ley Mordaza’

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La libertad de expresión no es un privilegio concedido por el poder; es un derecho que protege a la ciudadanía frente al poder.

Cuando una sociedad comienza a castigar la crítica, a intimidar la denuncia o a sembrar el miedo entre periodistas, comunicadores y ciudadanos por expresar opiniones o revelar hechos de interés público, no solo se silencia una voz: se debilita la democracia.

El nuevo Código Penal dominicano, cuya entrada en vigencia está prevista para agosto, ha generado una profunda preocupación por disposiciones que muchos consideran una amenaza a ese derecho fundamental.

Defender la libertad de expresión no significa respaldar la difamación ni los abusos; significa garantizar que ninguna ley se convierta en un instrumento para callar preguntas incómodas, investigaciones periodísticas o el legítimo disenso.

Por eso, cualquier norma que pueda generar miedo a opinar, investigar, denunciar o cuestionar a quienes ejercen funciones públicas debe ser motivo de reflexión y debate.

Reitero, no se trata de defender la difamación ni la injuria.

Quien cause un daño a la reputación de otra persona debe responder ante la ley.

La pregunta es otra: ¿por qué sancionar con cárcel expresiones que pueden resolverse mediante mecanismos civiles y proporcionales?

Cuando la amenaza es la prisión, el efecto puede ser el silencio por temor.

Muchos ven en estas disposiciones una verdadera «ley mordaza», un traje a la medida para blindar a los funcionarios públicos frente al escrutinio ciudadano.

Porque si criticar, denunciar o señalar posibles irregularidades puede convertirse en un riesgo penal, el mensaje que se envía es claro: mejor no decir ni pío.

Y una democracia donde los ciudadanos, periodistas y comunicadores temen hablar, preguntar o investigar, deja de respirar con libertad.

El poder debe estar sometido al escrutinio público, no protegido del debate.

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