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Opinion

Ahora quieren que un bachatero lleve a «calitomé» música urbana a mercados internacionales

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¿Y ahora resulta que Romeo Santos es culpable de que la música urbana dominicana no haya despegado a nivel internacional dizque porque no ha grabado con exponentes del patio?

Pero a él ningún dominicano le ha pedido grabar y de hecho lo dijo en el encuentro que tuvo con nosotros en Punta Cana.

¿O quieren que Romeo le caiga atrás a ellos?  Ozuna y Anuel, para citar dos casos, fueron los que se le acercaron a Romeo para hacer temas juntos.

Esto es lo último, ahora quieren que un bachatero (Romeo Santos) cargue con la proyección de la música urbana ¡Cuántas cosas!

Aquí la gente se le quiere recostar al otro para lograr el éxito y no pierden de vista que el mismo Romeo hizo sus propias diligencias para ser un artista de fama hoy en día.

«Cogió su pela», pidiendo cantar como telonero de otros artistas con su grupo Aventura en clubes de Nueva Yotk sin poder ver a «linda».

Y nunca andaba quejándose pero tampoco cuando comenzó a ganar dinero no lo vimos perdiendo el tiempo alardeando de bienes materiales como otros por ahí.

Pero algunos ahora dicen que él ni siquiera apoya a los nuevos talentos.

«Obsesión» es el ejemplo de cómo un grupo de nuevos talentos llamado Aventura logró hacer un hit mundial sin featuring, sin redes sociales, sin comprar views en YouTube, sin plataformas digitales, ni todas las facilidades que hoy existen.

Y no fue un «one hit wonder» pues aún Romeo Santos sigue ahí ¿la clave para ser internacional?un buen tema. 

Romeo entregó dos exitasos a un dominicano como Héctor Acosta  que fueron «El Anillo» y «Amorcito Enfermito» que muy bien pudo grabarlos él.

Añadanle que vive destacando el trabajo de sus colegas de género y ha grabado con éstos  ¿o los urbanos creen que son los únicos que existen como propuesta musical y todo debe girar en torno a ellos?

Además el éxito internacional no te va a llegar porque grabes con alguien más famoso que tú o porque tenga los mejores mercados; puedes hacerlo y si no está para ti no importa que busques hasta a Beyoncé para realizar una colaboración.

De Juan Luis Guerra se quejaron en algún momento que solo hacia colaboraciones con artistas extranjeros y él grabó luego un merengue con Milly Quezada que pasó sin pena ni gloria.

Dejen de querer que el otro sea muleta suya y logren cosas por sus méritos.

PERIODISTA/ PUBLICISTA

Opinion

Jornada de oración: Luis Abinader en busca de sabiduría

Alfredo García

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Cuán grato fue escuchar el anuncio que hizo el Gobierno dominicano de convocar una jornada de oración y acción de gracias a Dios, como ocurrió el pasado lunes 07 de septiembre, encabezada por el presidente Luis Abinader, con la participación de representantes tanto de las iglesias católica como protestantes en el Palacio Nacional.

Me gustó mucho que se le dio rigor haciéndola extensiva para todas las instituciones del Estado, encabezada por sus respectivos titulares.

Ello hace ver que Luis Abinader entiende la importancia de buscar sabiduría en la fuente por excelencia de esta virtud, sobre todo porque la misma palabra dice que el principio de la sabiduría es el temor a Dios.

Pero cuando se habla de temor a Dios en este contexto, en modo alguno se trata de miedo, sino más bien de respeto y reconocimiento a la supremacía sobre el pueblo que se postra a los pies de su creador.

Veo con agrado que, por medio de la oración, la reflexión y el agradecimiento, se busque fomentar la unidad nacional, esperanza y confianza en el futuro, lo cual es un camino expedito para poner en manos del Altísimo las decisiones y acciones futuras del Gobierno.

Creo firmemente que esta es la principal decisión que ha tomado el Gobierno en sus seis años de ejercicio, y debe ser una iniciativa permanente, pues se alinea con los principios de nuestros fundadores que sin titubeos pusieron a Dios en primer lugar a la hora de crear la indivisible e independiente República Dominicana.

Es más, voy más lejos al afirmar que así debió comenzar el Gobierno. Iniciar con jornadas de oración nacional permanentes como acción de gracias por el bendecido país que nos ha tocado y para clamar por protección divina ante los retos y desafíos que se avizoran.

El llamado a la jornada de oración es un acto de discernimiento y sabiduría que nos encamina como nación a permanecer unidos en todo tiempo, sobre todo porque es un ejercicio que hace falta como una convocatoria frecuente a la unidad nacional.

Pero además de la unidad, también con estas jornadas invocamos esas fuerzas en las que como nación creemos para que tengan una participación central en espacios donde se toman decisiones, al tiempo que pedimos la revelación de caminos que de otra manera no se pudieran ver.

Ello por ejemplo se evidencia en Jeremías 33:3 cuando dice “Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces.”

De manera que la jornada de oración es una brújula que ayuda a la orientación del Estado, como cuando un líder, en este caso el presidente, pide la consejería de Dios en procura de sabiduría ante las incertidumbres venideras, así como lo hicieron reyes bíblicos como David, Salomón o Josafat, y cuyos resultados fueron garantizados.

De manera que felicito dicha iniciativa al tiempo que hago un llamado para que desde el Palacio Nacional se instituya la jornada de oración como una convocatoria nacional permanente, en procura de mayor sabiduría para quienes deben dirigir y fortalezca la unidad del pueblo que vive tiempos en los que las divisiones, conflictos y contiendas se han propagado como nunca.

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Opinion

Un minuto de silencio por la comunicación dominicana

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Hay una peligrosa tendencia que cada vez se hace más evidente en algunos programas de radio, televisión y plataformas digitales: sus anfitriones han dejado de conformarse con comunicar las noticias y ahora quieren convertirse en la noticia.

El foco ya no está en los hechos, en las investigaciones o en los problemas que afectan a la gente.

El protagonismo lo ocupa el propio comunicador.

Se habla más de quién respondió a quién, de la pelea entre panelistas, de la indirecta lanzada a otro programa o de la polémica fabricada para alimentar el siguiente contenido.

Muchos espacios parecen haber cambiado su razón de ser.

En lugar de informar, explicar o generar un debate útil para la audiencia, se han convertido en escenarios donde los egos compiten por atención.

Cada emisión parece una extensión de la anterior, marcada por ataques, respuestas y nuevos enfrentamientos entre quienes deberían estar concentrados en ejercer su labor periodística o comunicacional.

No se trata de cuestionar el debate ni la diferencia de opiniones. El contraste de ideas es indispensable en una sociedad democrática.

El problema surge cuando el conflicto deja de ser una consecuencia natural del análisis y se convierte en el producto principal del programa.

Cuando la confrontación se planifica porque genera reproducciones, comentarios y tendencias, la comunicación pierde profundidad y se convierte en un simple espectáculo.

Mientras los comunicadores se empeñan en ser el centro de la conversación, muchos temas de interés público quedan relegados.

Problemas que merecen investigación, denuncias que necesitan seguimiento y asuntos que impactan la vida de miles de personas terminan desplazados por discusiones estériles que solo alimentan el ciclo de las redes sociales.

La audiencia no necesita más protagonistas. Necesita periodistas y comunicadores que investiguen, cuestionen, expliquen y aporten contexto.

Necesita profesionales que entiendan que el micrófono no es un escenario para satisfacer el ego, sino una herramienta para servir a la sociedad.

La credibilidad no se construye siendo tendencia por una pelea ni acumulando reproducciones a base de controversias personales.

Se construye con rigor, responsabilidad y respeto por la inteligencia del público.

Quizás ha llegado el momento de recordar una verdad que nunca debería olvidarse: el comunicador no está llamado a ser la noticia. Su misión es contarla.

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