Opinion
Prepara el ambiente
Preparar el ambiente no solamente significa organizar el espacio físico donde operas y convives, sino que además supone organizar el contexto que te rodea por medio de la creación de un clima favorable, en el que las circunstancias que sobrevengan te empujen estratégicamente en la dirección que quieres avanzar.
Si bien es cierto que el espacio físico debe estar en armonía con limpieza y orden porque es una de las medidas más saludables para cultivar la salud mental, no es menos cierto que este predicamento también se extiende al concepto de ir trabajando el entorno cuando hay una decisión importante que tomar.
La organización es aliada de la paz a razón de que te da certeza de cara a los pasos que tienes que dar, al tiempo que te indica qué esperar en función de las decisiones que tomaste o vayas a tomar.
Igual cuando se avecina una crisis y puedes avizorarla, las posibilidades de salir bien parado de la misma son mucho mayores cuando te planificas por aquello de que guerra avisada no mata soldado.
Cuando viene una crisis prevenida, puedes hacerle frente por medio de la preparación del ambiente de forma tal que disminuya su impacto lo más posible e incluso lograr que se convierta en oportunidad por medio de medidas que la vuelquen a tu favor.
Conozco políticos que han desarrollado una pasmosa habilidad para sacar provecho de las crisis, tornándolas en oportunidad.
De hecho, cuando hay una situación de dificultad, en lugar de estresarse, se entusiasman porque saben que viene un momento en el que se pueden crecer.
Ello así porque se han preparado para las crisis y sus estrategias de comunicación y línea de acción son articuladas en aras de prevenirlas, pero también se equipan con herramientas funcionales para afrontarlas con una contingencia efectiva y probada.
Una vez has logrado perfeccionar la práctica de tornar a favor lo que viene en tu contra, con el tiempo también te haces experto creando coyunturas que propicien golpes de efecto, que no son más que olas que te empujan hacia tu meta.
Que la inspiración nos encuentre trabajando
Siempre digo que lo ideal es que la suerte o la inspiración nos encuentre trabajando, ya que es como sacamos mejor provecho a esos empujones de productividad propia de la inspiración.
El mismo principio aplica en términos de manejo de crisis, a partir de que cuando llegue nos encuentre trabajando en los planes de contingencia y previsión que se deben tener para afrontarla de manera preventiva.
Como leí en alguna ocasión: “Preparar el ambiente es sembrar silencio, orden y propósito antes de que llegue la acción”, lo que propicia que con facilidad podamos prosperar ante una situación difícil, teniendo la calma como aliada y el orden como sostén, para propiciar una mente más clara.
Por ello quiero plasmar esta frase que a veces escucho la cual reza de que “Cuando el entorno está bien preparado, las personas florecen sin darse cuenta”, queriendo decir que si quieres crecer haz del orden físico, emocional y espiritual tu mayor aliado, dado que ello atrae sólo cosas buenas a tu vida, y finalizo con este bello predicamento “quien cuida el ambiente cuida el proceso”.
Opinion
Un minuto de silencio por la comunicación dominicana
Hay una peligrosa tendencia que cada vez se hace más evidente en algunos programas de radio, televisión y plataformas digitales: sus anfitriones han dejado de conformarse con comunicar las noticias y ahora quieren convertirse en la noticia.
El foco ya no está en los hechos, en las investigaciones o en los problemas que afectan a la gente.
El protagonismo lo ocupa el propio comunicador.
Se habla más de quién respondió a quién, de la pelea entre panelistas, de la indirecta lanzada a otro programa o de la polémica fabricada para alimentar el siguiente contenido.
Muchos espacios parecen haber cambiado su razón de ser.
En lugar de informar, explicar o generar un debate útil para la audiencia, se han convertido en escenarios donde los egos compiten por atención.
Cada emisión parece una extensión de la anterior, marcada por ataques, respuestas y nuevos enfrentamientos entre quienes deberían estar concentrados en ejercer su labor periodística o comunicacional.
No se trata de cuestionar el debate ni la diferencia de opiniones. El contraste de ideas es indispensable en una sociedad democrática.
El problema surge cuando el conflicto deja de ser una consecuencia natural del análisis y se convierte en el producto principal del programa.
Cuando la confrontación se planifica porque genera reproducciones, comentarios y tendencias, la comunicación pierde profundidad y se convierte en un simple espectáculo.
Mientras los comunicadores se empeñan en ser el centro de la conversación, muchos temas de interés público quedan relegados.
Problemas que merecen investigación, denuncias que necesitan seguimiento y asuntos que impactan la vida de miles de personas terminan desplazados por discusiones estériles que solo alimentan el ciclo de las redes sociales.
La audiencia no necesita más protagonistas. Necesita periodistas y comunicadores que investiguen, cuestionen, expliquen y aporten contexto.
Necesita profesionales que entiendan que el micrófono no es un escenario para satisfacer el ego, sino una herramienta para servir a la sociedad.
La credibilidad no se construye siendo tendencia por una pelea ni acumulando reproducciones a base de controversias personales.
Se construye con rigor, responsabilidad y respeto por la inteligencia del público.
Quizás ha llegado el momento de recordar una verdad que nunca debería olvidarse: el comunicador no está llamado a ser la noticia. Su misión es contarla.
Opinion
No a la ‘Ley Mordaza’
La libertad de expresión no es un privilegio concedido por el poder; es un derecho que protege a la ciudadanía frente al poder.
Cuando una sociedad comienza a castigar la crítica, a intimidar la denuncia o a sembrar el miedo entre periodistas, comunicadores y ciudadanos por expresar opiniones o revelar hechos de interés público, no solo se silencia una voz: se debilita la democracia.
El nuevo Código Penal dominicano, cuya entrada en vigencia está prevista para agosto, ha generado una profunda preocupación por disposiciones que muchos consideran una amenaza a ese derecho fundamental.
Defender la libertad de expresión no significa respaldar la difamación ni los abusos; significa garantizar que ninguna ley se convierta en un instrumento para callar preguntas incómodas, investigaciones periodísticas o el legítimo disenso.
Por eso, cualquier norma que pueda generar miedo a opinar, investigar, denunciar o cuestionar a quienes ejercen funciones públicas debe ser motivo de reflexión y debate.
Reitero, no se trata de defender la difamación ni la injuria.
Quien cause un daño a la reputación de otra persona debe responder ante la ley.
La pregunta es otra: ¿por qué sancionar con cárcel expresiones que pueden resolverse mediante mecanismos civiles y proporcionales?
Cuando la amenaza es la prisión, el efecto puede ser el silencio por temor.
Muchos ven en estas disposiciones una verdadera «ley mordaza», un traje a la medida para blindar a los funcionarios públicos frente al escrutinio ciudadano.
Porque si criticar, denunciar o señalar posibles irregularidades puede convertirse en un riesgo penal, el mensaje que se envía es claro: mejor no decir ni pío.
Y una democracia donde los ciudadanos, periodistas y comunicadores temen hablar, preguntar o investigar, deja de respirar con libertad.
El poder debe estar sometido al escrutinio público, no protegido del debate.
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